27/5/07

HOMENAJE EN MINIATURA



Quizás sea este el modo más sencillo de iniciar esta bitácora. Si hemos decidido pararnos a pensar un poco, lo mejor será invocar la memoria de los maestros. Un día de ¿mayo? de hace ocho o nueve años Jorge Almazán y yo nos encaramamos al Cerro del Aire para entrevistar a Miguel Fisac. Yo ponía el coche, un R5 de cuatro marchas (como mucho), y Jorge la cita.

Primera parada, la iglesia de los dominicos que se encuentra justo antes de llegar a su casa. En aquel laboratorio de luz estuvimos un buen rato entre los rojos meridianos y los azules mirando a norte que se funden en un blanco puro desparramándose por el centro de aquella cintura de avispa en medio de la iglesia. La segunda parada, subiendo una sinuosa escalera, fue el zaguán de su casa. Penumbra levemente alumbrada por encima de la puerta y un perchero con sombreros de los que ya casi nadie utiliza. Como no somos nadie tenemos que presentarnos. No hace falta y, al primer apretón de manos, comenzamos a ser alguien. El maestro resultó ser todavía mejor persona que arquitecto. En el suelo una prueba de hormigón blandamente encofrado y todavía fresco, y sobre un caballete un cuadro sobre San Juan de la Cruz hecho a base de arenas de diversas tonalidades. Nos sentamos, contemplando el perfil de Madrid a lo lejos. Se disculpa porque, según él mismo dice, apenas sabe nada, y con esta afirmación nuestros revolucionarios conocimientos de estudiantes de arquitectura se disuelven en la nada como una pastilla efervescente. Así que empate y todo más sencillo. Le preocupa la ecología y el medio ambiente. A nosotros nos preocupa el hormigón, y él nos habla de la iglesia de Santa Ana que le trae recuerdos agridulces. Los tres estamos a gusto y la charla se alarga. La suma de nuestras edades no llega a la mitad de la suya, pero eso no es obstáculo.

Al final salimos con la mochila repleta de cosas mientras él, como dijo Machado, va tratando de hacer su equipaje cada vez más ligero. ¡gracias maestro!. ARTURO PERIS HUESO