Esto no es Venecia. Primero la descripción de los hechos y más adelante la sentencia. Esta imagen corresponde a Macao. El conjunto hotelero es una réplica exacta del acceso principal de la ciudad de Venecia. La inversión económica es fabulosa, y el resultado, incluido mobiliario, frescos, tapices..., es perfecto. La idea generadora está resumida en ciertos flashes lanzados en la web del hotel y que nos impactan como las flechas de cupido: Where does glamour meets romance?, where do thrills meet luxury?...
Si el propósito de un hotel convencional es solucionar, principalmente, la necesidad de reposo y de alimento, en este caso se pretende satisfacer un vacío más acuciante: la necesidad de estar enamorado (es decir, de estar completo) se maquilla a golpe de talonario. Es el show de Truman de las emociones. El engaño es casi perfecto. Lo único que hace falta es entornar un poco los ojillos (bastará con tenerlos achinados) y no mirar las cosas de frente, porque a esta casa de muñecas le falta el descascarillado de las pintura, el ligero olor a agua estancada y a sobaco de camarero, las voces de las matronas en las habitaciones alquiladas, y un largo etcétera. Especialmente lo que le falta es el alma. Ese alma que Aristóteles definía como principio de operaciones y sin la cual una cosa está muerta, es inexistente.
Un montón de emociones y un revoltijo de sensaciones no dan como resultado una persona humana. Así que puede ser divertido imaginar un tropel de "chinos" y "occidentales" inexistentes, besándose fantasmalmente en un hotel también inexistente, donde unos empresarios reales engrosan su bolsillo con billetes reales.

No merece la pena seguir hablando de este replicante turístico. Pero sí de los replicantes de Blade Runner, que celebran sus 25 años en la pantalla con la proyección de la versión definitiva y actualizada. Estamos en 2019 en una gigantesta y oscura ciudad de Los Angeles tomada por el barrio chino. La última generación de replicantes, la Nexus 6, son androides concebidos exactamente iguales a los hombres. Tienen recuerdos, generan emociones, han aprendido incluso lo que significa amor. Desde un aspecto meramente biológico son más fuertes, más hábiles, más bellos y con una capacidad de computacion (inteligencia, dirían algunos) notablemente más elevada. De igual forma que una computadora tiene su principio de operaciones en la cpu, estos androides, (computadoras biológicas) tienen su alma en el cerebro. Se podría decir que poseen un alma sutil, afilada e incluso compasiva, pero al fin y al cabo meramente material. Se les realiza la prueba Voight-Kampff mediante una especie de polígrafo y se descubre que son solamente androides.
En la película aparecen, sin embargo, multitud de chinos, laboriosos, débiles, sonrientes o ignorantes. No han visto la Puerta de Tanhauser, ni son capaces de atravesar escaparates sin magullarse. Pero al menos su alma no es un conjunto sofisticado de impulso nerviosos, ni su amor se limita a zonas cerebrales activas. No pertenecen completamente al polvo. En contra de lo que les ocurre a nuestros queridos chinos del hotel de Macao, estos chinos son chinos de verdad. Yo ya me he hecho la prueba Voight-Kampff para quedarme tranquilo. ARTURO PERIS HUESO