12/10/07

LA VIVIENDA: UN DRAMA NACIONAL

Semana de la arquitectura. El guía nos proporciona algunos datos definitivos acerca del nuevo "coliseo" de Telefónica. El tamaño del solar (750m x 250m) y los 50.000m2 de placas solares arrancan expresiones de asombro entre los asistentes. El momento central llega con la estructura de la cubierta, generada mediante una modulación cuadrada.
La venerable anciana situada a mi izquierda piensa haber escuchado mal y pregunta al guía:
—¿cuántos metros ha dicho usted que tienen esos cuadraditos?
El guía responde con aplomo:
—Ocho metros de lado..., y tres de alto.
Hay un señor a mi espalda que musita unas palabras a modo de veredicto:
—Sesenta y cuatro metros cuadrados y además con un techo bastante alto. Ahí caben por lo menos dos o tres minipisos.

Una semana más tarde, paseando por Lavapiés, descubro este sugerente rinconcito: futón japonés, edredones nórdicos, vistas a la calle, paredes de diseño, llantas de aleación y una lata de San Miguel (donde va, triunfa).
En fin, parece que en España, un país con una densidad cercana a la del desierto, no cabemos todos. ARTURO PERIS HUESO

8/9/07

ARQUITECTURA REPLICANTE

Esto no es Venecia.


Primero la descripción de los hechos y más adelante la sentencia. Esta imagen corresponde a Macao. El conjunto hotelero es una réplica exacta del acceso principal de la ciudad de Venecia. La inversión económica es fabulosa, y el resultado, incluido mobiliario, frescos, tapices..., es perfecto. La idea generadora está resumida en ciertos flashes lanzados en la web del hotel y que nos impactan como las flechas de cupido: Where does glamour meets romance?, where do thrills meet luxury?...


Si el propósito de un hotel convencional es solucionar, principalmente, la necesidad de reposo y de alimento, en este caso se pretende satisfacer un vacío más acuciante: la necesidad de estar enamorado (es decir, de estar completo) se maquilla a golpe de talonario. Es el show de Truman de las emociones. El engaño es casi perfecto. Lo único que hace falta es entornar un poco los ojillos (bastará con tenerlos achinados) y no mirar las cosas de frente, porque a esta casa de muñecas le falta el descascarillado de las pintura, el ligero olor a agua estancada y a sobaco de camarero, las voces de las matronas en las habitaciones alquiladas, y un largo etcétera. Especialmente lo que le falta es el alma. Ese alma que Aristóteles definía como principio de operaciones y sin la cual una cosa está muerta, es inexistente.


Un montón de emociones y un revoltijo de sensaciones no dan como resultado una persona humana. Así que puede ser divertido imaginar un tropel de "chinos" y "occidentales" inexistentes, besándose fantasmalmente en un hotel también inexistente, donde unos empresarios reales engrosan su bolsillo con billetes reales.



No merece la pena seguir hablando de este replicante turístico. Pero sí de los replicantes de Blade Runner, que celebran sus 25 años en la pantalla con la proyección de la versión definitiva y actualizada. Estamos en 2019 en una gigantesta y oscura ciudad de Los Angeles tomada por el barrio chino. La última generación de replicantes, la Nexus 6, son androides concebidos exactamente iguales a los hombres. Tienen recuerdos, generan emociones, han aprendido incluso lo que significa amor. Desde un aspecto meramente biológico son más fuertes, más hábiles, más bellos y con una capacidad de computacion (inteligencia, dirían algunos) notablemente más elevada. De igual forma que una computadora tiene su principio de operaciones en la cpu, estos androides, (computadoras biológicas) tienen su alma en el cerebro. Se podría decir que poseen un alma sutil, afilada e incluso compasiva, pero al fin y al cabo meramente material. Se les realiza la prueba Voight-Kampff mediante una especie de polígrafo y se descubre que son solamente androides.
En la película aparecen, sin embargo, multitud de chinos, laboriosos, débiles, sonrientes o ignorantes. No han visto la Puerta de Tanhauser, ni son capaces de atravesar escaparates sin magullarse. Pero al menos su alma no es un conjunto sofisticado de impulso nerviosos, ni su amor se limita a zonas cerebrales activas. No pertenecen completamente al polvo. En contra de lo que les ocurre a nuestros queridos chinos del hotel de Macao, estos chinos son chinos de verdad. Yo ya me he hecho la prueba Voight-Kampff para quedarme tranquilo. ARTURO PERIS HUESO

29/8/07

PAVEL FLORENSKI (1. LA PERSONA)

"¿Qué he hecho durante toda mi vida? Indagar el mundo como un todo, como un solo cuadro y una sola realidad [...]. Mi padre me decía, refiriéndose a mi escasa inclinación por el pensamiento abstracto y por la investigación particular en cuanto tal: 'Tu fuerza está allí donde lo concreto se concreta con lo general'. Así es".
Pawel Florenski




Hay hombres y libros valiosos. También los hay geniales. Pero solo muy de vez en cuando se cruza por delante un personaje tan coherente y tan asombroso como Pavel Florenski. Efectivamente todo su quehacer, desde que nació en Armenia en 1882 hasta que fue ejecutado en un Gulag en 1937, consistió en una única cosa: conquistar el verdadero arte de vivir.
No abandonó jamás ninguno de lo campos que inició, haciéndolos crecer en paralelo como una gruesa maroma fabricada con multitud de filamentos. Primero fue la ciencia: las matemáticas y la física. Más tarde llegó el arte, donde supo ver más allá que sus contemporáneos constructivistas en el periodo que fue profesor de Teoría del espacio en el VKhUTEMAS (los Talleres Superiores Artísticos y Técnicos del Estado). Unos años después sumó a sus investigaciones el arte de la teología hasta llegar a ser considerado uno de los teólogos ortodoxos clave del siglo veinte con su tesis “la columna y el fundamento de la verdad”.
El “truco” consiste en no perderse en lo superficial, en saber olisquear las relaciones que son capaces de unificar la realidad en un gran todo pero sin perder la personalidad propia de cada elemento.
“Hasta donde me alcanza la memoria, siempre he disfrutado de un profundo equilibrio. Sin embargo poseo una sensibilidad superior, una vibración interior, casi física de mi mismo como la cuerda de un instrumento [...] sobre la cual la naturaleza pasara su arco”
Ni siquiera el “triste, melancólico y monótono” paisaje helado de los Gulag le impidió mantener una impresionante correspondencia con su familia y seguir investigando sobre los hielos perpetuos y la fabricación de anticongelantes. Y no es broma. ARTURO PERIS HUESO

LAS CRIATURAS DE THEO JANSEN

Existen lugares intermedios, como los deltas de los ríos, que se sitúan entre dos aguas donde cualquier cosa es posible. Son lugares fronterizos, sin nacionalidad, son libres y resultan sorprendentes. Estos espacios rompen los esquemas convencionales, y no se atienen a fórmulas ni a categorías. Esa fascinación ilustrada por definir exhaustiva y científicamente todo lo que nos rodea huye desconcertada de estas tierras raras.
Las criaturas de Theo Jansen se mueven entre la tecnología y el arte, entre lo primitivo y lo artesanal. La primera imagen que suscitan parece proceder del mundo de los sueños. Son artefactos completamente silenciosos y surrealistas. Y sin embargo están tan vivos como el propio espectador. No son como las hojas metálicas de Calder levemente balanceadas por el viento. Las Strandbeest (criaturas de la playa) son capaces de ordenar el fluido eólico y llevarlo a sus múltiples patas de plástico, una infinidad de tubos ligeros donde la tecnología punta se reduce a su configuración espacial, sin necesitar de componentes sofisticados.
El sueño de este artista es dejar estos seres en libertad para que vayan de aquí para allá. Hal, el ordenador central de la nave de “2001, una odisea en el espacio”, amenazaba con tomar conciencia de sí mismo y aniquilar a su creador. Igual ocurría en “Blade Runner”, “Terminator” o “Matrix”. En cambio las Ancora, Animaris percipiere, Sabulosa, Vermiculus o Ventosa, solo amenazan con ser extrañamente hermosas. Tan hermosas como los peces abisales o las telas de araña. ARTURO PERIS HUESO

27/5/07

HOMENAJE EN MINIATURA



Quizás sea este el modo más sencillo de iniciar esta bitácora. Si hemos decidido pararnos a pensar un poco, lo mejor será invocar la memoria de los maestros. Un día de ¿mayo? de hace ocho o nueve años Jorge Almazán y yo nos encaramamos al Cerro del Aire para entrevistar a Miguel Fisac. Yo ponía el coche, un R5 de cuatro marchas (como mucho), y Jorge la cita.

Primera parada, la iglesia de los dominicos que se encuentra justo antes de llegar a su casa. En aquel laboratorio de luz estuvimos un buen rato entre los rojos meridianos y los azules mirando a norte que se funden en un blanco puro desparramándose por el centro de aquella cintura de avispa en medio de la iglesia. La segunda parada, subiendo una sinuosa escalera, fue el zaguán de su casa. Penumbra levemente alumbrada por encima de la puerta y un perchero con sombreros de los que ya casi nadie utiliza. Como no somos nadie tenemos que presentarnos. No hace falta y, al primer apretón de manos, comenzamos a ser alguien. El maestro resultó ser todavía mejor persona que arquitecto. En el suelo una prueba de hormigón blandamente encofrado y todavía fresco, y sobre un caballete un cuadro sobre San Juan de la Cruz hecho a base de arenas de diversas tonalidades. Nos sentamos, contemplando el perfil de Madrid a lo lejos. Se disculpa porque, según él mismo dice, apenas sabe nada, y con esta afirmación nuestros revolucionarios conocimientos de estudiantes de arquitectura se disuelven en la nada como una pastilla efervescente. Así que empate y todo más sencillo. Le preocupa la ecología y el medio ambiente. A nosotros nos preocupa el hormigón, y él nos habla de la iglesia de Santa Ana que le trae recuerdos agridulces. Los tres estamos a gusto y la charla se alarga. La suma de nuestras edades no llega a la mitad de la suya, pero eso no es obstáculo.

Al final salimos con la mochila repleta de cosas mientras él, como dijo Machado, va tratando de hacer su equipaje cada vez más ligero. ¡gracias maestro!. ARTURO PERIS HUESO