29/8/07

LAS CRIATURAS DE THEO JANSEN

Existen lugares intermedios, como los deltas de los ríos, que se sitúan entre dos aguas donde cualquier cosa es posible. Son lugares fronterizos, sin nacionalidad, son libres y resultan sorprendentes. Estos espacios rompen los esquemas convencionales, y no se atienen a fórmulas ni a categorías. Esa fascinación ilustrada por definir exhaustiva y científicamente todo lo que nos rodea huye desconcertada de estas tierras raras.
Las criaturas de Theo Jansen se mueven entre la tecnología y el arte, entre lo primitivo y lo artesanal. La primera imagen que suscitan parece proceder del mundo de los sueños. Son artefactos completamente silenciosos y surrealistas. Y sin embargo están tan vivos como el propio espectador. No son como las hojas metálicas de Calder levemente balanceadas por el viento. Las Strandbeest (criaturas de la playa) son capaces de ordenar el fluido eólico y llevarlo a sus múltiples patas de plástico, una infinidad de tubos ligeros donde la tecnología punta se reduce a su configuración espacial, sin necesitar de componentes sofisticados.
El sueño de este artista es dejar estos seres en libertad para que vayan de aquí para allá. Hal, el ordenador central de la nave de “2001, una odisea en el espacio”, amenazaba con tomar conciencia de sí mismo y aniquilar a su creador. Igual ocurría en “Blade Runner”, “Terminator” o “Matrix”. En cambio las Ancora, Animaris percipiere, Sabulosa, Vermiculus o Ventosa, solo amenazan con ser extrañamente hermosas. Tan hermosas como los peces abisales o las telas de araña. ARTURO PERIS HUESO

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