29/8/07

PAVEL FLORENSKI (1. LA PERSONA)

"¿Qué he hecho durante toda mi vida? Indagar el mundo como un todo, como un solo cuadro y una sola realidad [...]. Mi padre me decía, refiriéndose a mi escasa inclinación por el pensamiento abstracto y por la investigación particular en cuanto tal: 'Tu fuerza está allí donde lo concreto se concreta con lo general'. Así es".
Pawel Florenski




Hay hombres y libros valiosos. También los hay geniales. Pero solo muy de vez en cuando se cruza por delante un personaje tan coherente y tan asombroso como Pavel Florenski. Efectivamente todo su quehacer, desde que nació en Armenia en 1882 hasta que fue ejecutado en un Gulag en 1937, consistió en una única cosa: conquistar el verdadero arte de vivir.
No abandonó jamás ninguno de lo campos que inició, haciéndolos crecer en paralelo como una gruesa maroma fabricada con multitud de filamentos. Primero fue la ciencia: las matemáticas y la física. Más tarde llegó el arte, donde supo ver más allá que sus contemporáneos constructivistas en el periodo que fue profesor de Teoría del espacio en el VKhUTEMAS (los Talleres Superiores Artísticos y Técnicos del Estado). Unos años después sumó a sus investigaciones el arte de la teología hasta llegar a ser considerado uno de los teólogos ortodoxos clave del siglo veinte con su tesis “la columna y el fundamento de la verdad”.
El “truco” consiste en no perderse en lo superficial, en saber olisquear las relaciones que son capaces de unificar la realidad en un gran todo pero sin perder la personalidad propia de cada elemento.
“Hasta donde me alcanza la memoria, siempre he disfrutado de un profundo equilibrio. Sin embargo poseo una sensibilidad superior, una vibración interior, casi física de mi mismo como la cuerda de un instrumento [...] sobre la cual la naturaleza pasara su arco”
Ni siquiera el “triste, melancólico y monótono” paisaje helado de los Gulag le impidió mantener una impresionante correspondencia con su familia y seguir investigando sobre los hielos perpetuos y la fabricación de anticongelantes. Y no es broma. ARTURO PERIS HUESO

LAS CRIATURAS DE THEO JANSEN

Existen lugares intermedios, como los deltas de los ríos, que se sitúan entre dos aguas donde cualquier cosa es posible. Son lugares fronterizos, sin nacionalidad, son libres y resultan sorprendentes. Estos espacios rompen los esquemas convencionales, y no se atienen a fórmulas ni a categorías. Esa fascinación ilustrada por definir exhaustiva y científicamente todo lo que nos rodea huye desconcertada de estas tierras raras.
Las criaturas de Theo Jansen se mueven entre la tecnología y el arte, entre lo primitivo y lo artesanal. La primera imagen que suscitan parece proceder del mundo de los sueños. Son artefactos completamente silenciosos y surrealistas. Y sin embargo están tan vivos como el propio espectador. No son como las hojas metálicas de Calder levemente balanceadas por el viento. Las Strandbeest (criaturas de la playa) son capaces de ordenar el fluido eólico y llevarlo a sus múltiples patas de plástico, una infinidad de tubos ligeros donde la tecnología punta se reduce a su configuración espacial, sin necesitar de componentes sofisticados.
El sueño de este artista es dejar estos seres en libertad para que vayan de aquí para allá. Hal, el ordenador central de la nave de “2001, una odisea en el espacio”, amenazaba con tomar conciencia de sí mismo y aniquilar a su creador. Igual ocurría en “Blade Runner”, “Terminator” o “Matrix”. En cambio las Ancora, Animaris percipiere, Sabulosa, Vermiculus o Ventosa, solo amenazan con ser extrañamente hermosas. Tan hermosas como los peces abisales o las telas de araña. ARTURO PERIS HUESO