"¿Qué he hecho durante toda mi vida? Indagar el mundo como un todo, como un solo cuadro y una sola realidad [...]. Mi padre me decía, refiriéndose a mi escasa inclinación por el pensamiento abstracto y por la investigación particular en cuanto tal: 'Tu fuerza está allí donde lo concreto se concreta con lo general'. Así es".Pawel Florenski
Hay hombres y libros valiosos. También los hay geniales. Pero solo muy de vez en cuando se cruza por delante un personaje tan coherente y tan asombroso como Pavel Florenski. Efectivamente todo su quehacer, desde que nació en Armenia en 1882 hasta que fue ejecutado en un Gulag en 1937, consistió en una única cosa: conquistar el verdadero arte de vivir.
No abandonó jamás ninguno de lo campos que inició, haciéndolos crecer en paralelo como una gruesa maroma fabricada con multitud de filamentos. Primero fue la ciencia: las matemáticas y la física. Más tarde llegó el arte, donde supo ver más allá que sus contemporáneos constructivistas en el periodo que fue profesor de Teoría del espacio en el VKhUTEMAS (los Talleres Superiores Artísticos y Técnicos del Estado). Unos años después sumó a sus investigaciones el arte de la teología hasta llegar a ser considerado uno de los teólogos ortodoxos clave del siglo veinte con su tesis “la columna y el fundamento de la verdad”.
El “truco” consiste en no perderse en lo superficial, en saber olisquear las relaciones que son capaces de unificar la realidad en un gran todo pero sin perder la personalidad propia de cada elemento.
“Hasta donde me alcanza la memoria, siempre he disfrutado de un profundo equilibrio. Sin embargo poseo una sensibilidad superior, una vibración interior, casi física de mi mismo como la cuerda de un instrumento [...] sobre la cual la naturaleza pasara su arco”
Ni siquiera el “triste, melancólico y monótono” paisaje helado de los Gulag le impidió mantener una impresionante correspondencia con su familia y seguir investigando sobre los hielos perpetuos y la fabricación de anticongelantes. Y no es broma. ARTURO PERIS HUESO
