25/9/08

PLÁSTICA DEL PLÁSTICO


Cada material tiene su propio modo de existir y de mostrarse. No es un modo restrictivo ni único. La materia encierra dentro de sí un potencial inagotable, y a la vez subyace una verdad en torno a su modo de manifestarse. La ductilidad, aspereza, porosidad o ligereza, son características que se suman a otras peculiaridades más zoomórficas como la respiración, la vibración, la sonoridad, el envejecimiento de la piel etc. El descubrimiento de todas estas propiedades no es inmediato. Tanto el individuo como la cultura de un pueblo necesitan tiempo y esfuerzo para sacar a relucir la esencia de los materiales que utiliza. Cuando en los templos griegos, la madera de los dinteles fue sustituida por la piedra, ésta mantuvo en su labrado los antiguos clavos de su predecesora. Algo similar ocurrió en la revolución industrial con las estructuras metálicas: el hierro colado seguía tallándose con las volutas y los acantos de las columnas pétreas hasta que la estandarización ha logrado optimizarlo mediante perfiles. El plástico también ha imitado de algún modo al vidrio, pero su camino es más peculiar. En realidad no es una materia prima sino un producto elaborado por el hombre. Su esencia consiste en amoldarse a cualquier cualidad. Es un gran imitador en formas, colores, resistencias o tacto. Con el plástico se puede realizar prácticamente todo, incluso forrar de “madera” una habitación, o fabricar una silla rococó. Quizá por eso el plástico ha incorporado a su archivo, unas características que podríamos denominar antropomórficas como el juego, la ironía o el humor. Para el plástico, el mundo es un carnaval de máscaras. ARTURO PERIS

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