
La crisis en la construcción ha llegado. El famoso globo se ha hinchado hasta reventar. Llevábamos esperándolo desde hace tiempo. No era normal que el usuario comprara sin pestañear ante cualquier nueva vivienda sobre plano de lamentable calidad y prestaciones arquitectónicas. Eso le daba igual, ya que en la mayoría de los casos el comprador no quería una vivienda, quería realizar una operación financiera con la que obtener unos altos rendimientos económicos a corto plazo. Y además en algún caso…vivir.
En nuestro círculo profesional la pregunta “¿tú notas algo?”, lleva meses haciéndose y creo que a día de hoy muy pocos profesionales de la arquitectura pueden contestar “¡yo no noto nada!”. La crisis ha llegado y lo peor, dicen, esta por llegar.
Todo esto coincide con un creciente interés en el mundo de la arquitectura por algo que hasta hace pocos años era accesorio para la mayoría del personal. En realidad siempre ha estado ahí y de alguna manera el sentido común lo dirigía con criterios preclaros. Se trata de una cierta preocupación por construir edificaciones eficientes, que sean capaces de ser sensibles a la orientación y latitud que les ha tocado, al viento y a las lluvias. Que aprovechen una serie de energías renovables. Que consigan emitir lo mínimo de CO2 a la atmósfera. Que funcionen bien en verano y en invierno. Y muchas otras nociones que todos debemos empezar a manejar ya como un parámetro más que condiciona el proyecto.
El nombre de sostenibilidad parece muy acertado. Que los edificios sean cada vez más “autoportantes” con un nuevo sentido energético, es muy interesante; y no cabe duda de que algún día existirán edificios que se autoabastezcan y que además no emitan CO2.
Pues bien, ironías del destino o no, coinciden ahora estas nuevas circunstancias: crisis en la construcción VS construcción sostenible.
A priori estos dos aspectos pasan por nuestro trabajo disociados, aparecen en momentos divergentes; sin embargo cabe decir que estas dos realidades se buscan cada vez con más fuerza. Y es muy positivo que se encuentren.
Los promotores ya no venden como antes. El obligado comprador (poco se vende ahora porque si), mira, estudia y olisquea cada vez más los proyectos antes de comprar. Esto ya es más normal si tenemos en cuenta el salvaje desembolso que hay que afrontar hoy en día en España para comprar una vivienda. Y poco a poco el futuro usuario exige más prestaciones a las edificaciones. Y aquí entra el bioclimatismo a toda velocidad. El usuario quiere reducir el consumo energético y recabar el máximo de energía “gratis” que se puede conseguir hoy en día. Pero sobre todo quiere niveles altos de confort, que sin duda es lo más importante; parece lo mínimo si piensas en gastarte 360.000 € en una vivienda de 1 ó 2 habitaciones.
Con todo esto lo que esta esperando el promotor (aunque alguno aún no lo sepa) es que el arquitecto de turno le proporcione un diseño que eleve la eficiencia energética de su edificio para así poder vender más porque su producto tiene una importante ventaja competitiva. Y nosotros debemos saber manejar esta nueva arma de negociación con el promotor. El no tiene porque saber de bioclimatismo, ni mucho menos parecerle interesante.
Con todo esto no me refiero a lo estrictamente obligatorio. Lo que ya introduce el Código técnico de la edificación; placas solares, algunos límites a cumplir en cuanto a salubridad y ahorro y algunas cosas más. Me refiero que se consolide ya como una aberración que una fachada sur de un bloque de viviendas sea igual que la norte; o que una vivienda no tenga ventilación cruzada de manera natural. Que el sol no aporte lo mucho que tiene que dar a una vivienda en invierno. Y que esta no pueda protegerse de aquel en verano. Y muchas otras cosas que todavía están en la calle, construyéndose.
Todo esto nos brinda nuevas opciones en nuestro trabajo. Ya se sabe, donde está la crisis está lo oportunidad. La sociedad lo espera; no hay más que dar un paseo por algunos barrios nuevos de Madrid para comprobar lo mal que se han hecho las cosas, las tremendas oportunidades perdidas. El nefasto planteamiento de los últimos 15 años en cuanto a desarrollos urbanísticos y edificación residencial.
Sin duda la manera de construir mejorará sustancialmente, gracias a la crisis, durante los próximos años. Y ahí el arquitecto tiene mucho que aportar. Entre otras muchas cosas, con una creciente inquietud bioclimática.
¡No hay mal que por bien no venga!
JAVIER ANTÓN