24/10/08

OBJETOS QUE FUNCIONAN_01



ENERGÍA LATENTE

Su diseño es anónimo.

Sus hermanos son el clavo, la tuerca, el tornillo o la arandela, también el alfiler o el dedal: objetos que funcionan…sin más.

El clip es un pequeño alambre de producción industrializada que, doblado sobre sí mismo, sirve para sujetar un número determinado de hojas de papel de forma temporal. ¡Que poca cosa el clip! Sin embargo, si nos detenemos para mirar las relaciones entre su forma, su función y su concreción material, descubriremos un objeto totalmente coherente, sincero y sencillo.

Forma-función: su alargada forma espiral responde exclusivamente a su función. Ligero y brillante, su proporción y sus redondeados bordes facilitan una manipulación cómoda. Nada sobra y nada falta.

Materia-forma: el clip existe gracias al dúctil acero, que permite organizar un hilo de sección circular constante que se dobla sobre sí mismo para obtener, de forma neutra y directa, un objeto económico, ecológico, ecogénico.

Función-materia: la condición elástica del acero hace que siempre intente recuperar su forma original. El mismo conjunto de documentos anticipa la tensión que los mantendrá unidos: un aumento de papel producirá de inmediato y de forma proporcional un mayor efecto pinza por parte del clip.
Una vez cumplida su misión temporal, el hilo mágico retorna a nuestro escritorio, se recicla silente, humilde, casi invisible...energía latente.

8/10/08

TORRE TATLIN

Recreación cinematográfica del monumento a la Tercera Internacional, proyectado por Vladimir Tatlin entre 1919 y 1920. El arquitecto japonés Takehiko Nagakura, autor de la simulación, propone en primer lugar un sugerente travelling espiral descendente en un movimiento simétrico al de la organización espiral de la torre, una incandescente estructura blanca que parece desvanecerse sobre un espeso fondo negro, sin duda un paisaje de la memoria. En segundo lugar la torre se nos presenta como un modelo a escala que gira ante nuestros ojos, el objeto fuera de escala que no se detiene ante el espectador petrificado. Por último la simulación toma posesión del mundo real y la torre muestra su escala y su potente osamenta a un afortunado peatón, que decide tocar tierra y rodear la torre en un lugar extraño y alejado desde el que se intuye un paisaje nublado sobre la ciudad y sus grúas...

29/9/08

SI GAMONEDA FUESE ARQUITECTO

Parto del “no saber sabiendo” de Juan de la Cruz y añado que el pensamiento poético es música en su origen; pienso que estoy —que estamos— en una tradición en la que el lenguaje poético no es informativo, sino que crea lo que no existía y lo revela; opino que la poesía no es un género literario; que no es incluso literatura. Que es una emanación existencial y que, por eso mismo, puede darse en todos los géneros; creo también que la poesía es antes sensible que inteligible; o que, como viene a decir Eliot, es inteligible a partir de la sensibilidad.
Antonio Gamoneda

Un poeta es un hombre que se mueve, busca, olfatea, realiza una acción y esa acción transforma el universo. Pero hay más: ese hombre ya no es el mismo después de realizar esta gesta. Aquí no hay adornos, no hay magia ni tampoco seducción. Una acción es siempre algo fuerte, referencial y con capacidad de modificar.

¿Se puede afirmar que existe una poética de la arquitectura? La pregunta puede derivar fácilmente hacia el terreno de lo romántico, lo estúpido o lo cursi. No me quiero referir aquí a esa visión fácil en la que unas gotas de sensiblería sumadas a un poco de armonía dan como resultado un producto que actúa como narcótico. La poesis griega comenzó con la necesidad de copiar la naturaleza y ponerla delante de los ojos. Y Aristóteles aclara que el término naturaleza no se usa aquí, perdón por la ironía, como lechuga o como chimpancé, sino como actuar humano, porque en el reino vegetal, mineral o animal no hay ninguna poesía. Sólo el hombre es capaz de auto transformarse libremente. En esta capacidad de confeccionar la propia existencia mediante gestos, palabras y decisiones es donde lo poético encuentra su madriguera profunda. Se llega a un territorio donde no hay fronteras de ningún tipo, y donde no tiene sentido hablar en términos taxonómicos: palabra, construcción, pigmentos, miradas, política, puesta en escena, ecología o solidaridad pueden llegar a ser, todos ellos, modos de actuar poéticamente.

Un poeta debe cambiar el mundo desde su tarea fuerte y áspera, porque, como dice Claudio Magris:

Tal vez no pueda existir un verdadero desencanto filosófico, sino solo poético, porque solamente la poesía es capaz de representar las contradicciones sin resolverlas conceptualmente, sino componiéndolas en una unidad superior, elusiva y musical.

La poesía, según Gamoneda no es, ni siquiera, literatura. Invirtamos los términos y lo veremos más claro: la literatura puede llegar a ser poética, y la arquitectura, y también la poesía debería ser poética. Gamoneda es un auténtico poeta, un demiurgo deslavazado de las intuiciones. Si Antonio Gamoneda fuese arquitecto, sus formas despojadas serían imposibles de fotografiar. Quizás no saldría en las revistas. Quizás no sería conocido por nadie. ARTURO PERIS HUESO

28/9/08

OBJETOS REPROGRAMADOS III

La carretilla sin ruedas, el cubo de basura y la bañera renacentista.

Todas tienen algo en común, aunque su origen es muy diverso. Son resistentes y poseen gran capacidad de almacenaje. La experiencia es siempre la misma: con el paso del tiempo, el uso que le vamos a las cosas va encontrando su lugar adecuado. El imperio de las modas, ciertas decisiones “débiles” en el proceso creativo o el apremio de las necesidades verdaderas van colocando los objetos de modo que se les hace funcionar. Es la propia vida la que decide, estimulando la selección natural y reprogramando constantemente los objetos. La bañera de mármol donde la Duquesa de Medinaceli tomaba baños de sales en el siglo XVI sirve como almacenaje de un metro cúbico de tierra vegetal. Es cierto que no tiene ruedas y que por lo tanto no se puede transportar. El jardinero de la Casa de Pilatos lo sabe y por eso la utiliza. Así puede disponer de un “granero” fijo que facilita la rutina diaria: nadie moverá de sitio este impresionante e improvisado almacén junto al muro rojo. ARTURO PERIS HUESO

OBJETOS REPROGRAMADOS II

Algo similar ocurre con los soportes. La única condición que les pedimos se resume en su capacidad portante. Fiándose de esta lógica puramente técnica, la balaustrada de un palacio puede convertirse en taller improvisado para la reparación de macetas y plantas. Moda vs necesidad. Es la misma praxis que afloraba en aquellas culturas que surgieron después de los grandes imperios. Para alzar los nuevos iconos se hacía necesario "apoyarse" en la historia. Columnas variadísimas en colores, materiales e incluso tamaños para levantar los nuevos templos, los edificios civiles etc. Al fin y al cabo la historia “pasa por la piedra” esas pequeñas modas que se encuadran dentro de la estética para promover otra estética más interesante y cercana. ARTURO PERIS HUESO

27/9/08

PERO..., ¿DÓNDE SE HA IDO TODO EL MUNDO?

Warhol idolatraba los objetos. Se sacó de la chistera una religión nueva donde todo, incluídas las propias personas, eran convertidos en consumibles, iconos para el mercado. Las técnica era sencilla e innovadora. Operaciones como la repetición sistemática y burda, transformaron a Mao o a Marilyn en botes de sopa barata, haciendo trizas la personalidad y la condición única del personaje representado. El mero hecho de “vender” su imagen al más puro estilo rosa logró imponer lo más superficial, planchando el relieve más o menos atractivo procedente de la intimidad de estos famosos. En el fondo, Warhol no ha hecho sino convertir en arte la práctica habitual del entramado mediatico y comercial. Una vez más la maquinaria aplastando el individuo.

En Hockney todo es mucho más inteligente, hasta el punto de conseguir moverse en esa delgada línea que une y separa la crítica velada y la adhesión sutil. El mundo ensalzado y criticado de La gran zambullida es el del “American Beauty”.
El mundo de la felicidad que se puede comprar con dinero. Aquí el hedonismo no está por encima del hombre porque éste sencillamente no existe. Ha desaparecido debajo de las cinco o seis formas de burbujeo acuático que con detallismo casi flamenco superpuso el autor dedicándoles semanas. El instante ha conseguido sepultar al hombre. Y no sabemos si saldrá a flote en el fotograma posterior o si por el contrario el Big Bang que dio lugar al hombre será desplazado por el nuevo imperio de A Bigger Splash, donde el hombre retorna a la nada. ARTURO PERIS HUESO

OBJETOS REPROGRAMADOS I


En la basílica de Santa María in Trastevere, hay otro ejemplo de cómo la necesidad obliga a poner la funcionalidad por encima del resultado formal final. Estos capiteles, cada uno de su padre y de su madre, como se diría en castizo, están "rescatados" de los foros romanos. Tanto los tamaños como los estilos y tipos de piedra están colocados al azar. Aquí se produce con naturalidad lo que Rem Koolhaas propone en sus arquitecturas como artificio y que no es otra cosa que componer o ensamblar mediante el procedimiento de catálogo, pudiendo ver una exposición de los materiales disponibles en el mercado.
En el Trastevere se puede olfatear aquel "mercado" de materiales que poseían en el S. III y que era distinto a como lo podemos concebir ahora. Esta situaciones son un ¿pie forzado? para la creatividad. Quizás, pero hay algo más, cada uno de estos capiteles desubicados cobra un gran protagonismo. Es tan fuerte su individualidad que hacen visible su función de un modo distinto, como si se pudieran recorrer con la vista los vectores de transmisión de fuerzas de la estructura. ARTURO PERIS HUESO

25/9/08

PLÁSTICA DEL PLÁSTICO


Cada material tiene su propio modo de existir y de mostrarse. No es un modo restrictivo ni único. La materia encierra dentro de sí un potencial inagotable, y a la vez subyace una verdad en torno a su modo de manifestarse. La ductilidad, aspereza, porosidad o ligereza, son características que se suman a otras peculiaridades más zoomórficas como la respiración, la vibración, la sonoridad, el envejecimiento de la piel etc. El descubrimiento de todas estas propiedades no es inmediato. Tanto el individuo como la cultura de un pueblo necesitan tiempo y esfuerzo para sacar a relucir la esencia de los materiales que utiliza. Cuando en los templos griegos, la madera de los dinteles fue sustituida por la piedra, ésta mantuvo en su labrado los antiguos clavos de su predecesora. Algo similar ocurrió en la revolución industrial con las estructuras metálicas: el hierro colado seguía tallándose con las volutas y los acantos de las columnas pétreas hasta que la estandarización ha logrado optimizarlo mediante perfiles. El plástico también ha imitado de algún modo al vidrio, pero su camino es más peculiar. En realidad no es una materia prima sino un producto elaborado por el hombre. Su esencia consiste en amoldarse a cualquier cualidad. Es un gran imitador en formas, colores, resistencias o tacto. Con el plástico se puede realizar prácticamente todo, incluso forrar de “madera” una habitación, o fabricar una silla rococó. Quizá por eso el plástico ha incorporado a su archivo, unas características que podríamos denominar antropomórficas como el juego, la ironía o el humor. Para el plástico, el mundo es un carnaval de máscaras. ARTURO PERIS

18/6/08

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

La crisis en la construcción ha llegado. El famoso globo se ha hinchado hasta reventar. Llevábamos esperándolo desde hace tiempo. No era normal que el usuario comprara sin pestañear ante cualquier nueva vivienda sobre plano de lamentable calidad y prestaciones arquitectónicas. Eso le daba igual, ya que en la mayoría de los casos el comprador no quería una vivienda, quería realizar una operación financiera con la que obtener unos altos rendimientos económicos a corto plazo. Y además en algún caso…vivir.

En nuestro círculo profesional la pregunta “¿tú notas algo?”, lleva meses haciéndose y creo que a día de hoy muy pocos profesionales de la arquitectura pueden contestar “¡yo no noto nada!”. La crisis ha llegado y lo peor, dicen, esta por llegar.

Todo esto coincide con un creciente interés en el mundo de la arquitectura por algo que hasta hace pocos años era accesorio para la mayoría del personal. En realidad siempre ha estado ahí y de alguna manera el sentido común lo dirigía con criterios preclaros. Se trata de una cierta preocupación por construir edificaciones eficientes, que sean capaces de ser sensibles a la orientación y latitud que les ha tocado, al viento y a las lluvias. Que aprovechen una serie de energías renovables. Que consigan emitir lo mínimo de CO2 a la atmósfera. Que funcionen bien en verano y en invierno. Y muchas otras nociones que todos debemos empezar a manejar ya como un parámetro más que condiciona el proyecto.

El nombre de sostenibilidad parece muy acertado. Que los edificios sean cada vez más “autoportantes” con un nuevo sentido energético, es muy interesante; y no cabe duda de que algún día existirán edificios que se autoabastezcan y que además no emitan CO2.

Pues bien, ironías del destino o no, coinciden ahora estas nuevas circunstancias: crisis en la construcción VS construcción sostenible.

A priori estos dos aspectos pasan por nuestro trabajo disociados, aparecen en momentos divergentes; sin embargo cabe decir que estas dos realidades se buscan cada vez con más fuerza. Y es muy positivo que se encuentren.

Los promotores ya no venden como antes. El obligado comprador (poco se vende ahora porque si), mira, estudia y olisquea cada vez más los proyectos antes de comprar. Esto ya es más normal si tenemos en cuenta el salvaje desembolso que hay que afrontar hoy en día en España para comprar una vivienda. Y poco a poco el futuro usuario exige más prestaciones a las edificaciones. Y aquí entra el bioclimatismo a toda velocidad. El usuario quiere reducir el consumo energético y recabar el máximo de energía “gratis” que se puede conseguir hoy en día. Pero sobre todo quiere niveles altos de confort, que sin duda es lo más importante; parece lo mínimo si piensas en gastarte 360.000 € en una vivienda de 1 ó 2 habitaciones.

Con todo esto lo que esta esperando el promotor (aunque alguno aún no lo sepa) es que el arquitecto de turno le proporcione un diseño que eleve la eficiencia energética de su edificio para así poder vender más porque su producto tiene una importante ventaja competitiva. Y nosotros debemos saber manejar esta nueva arma de negociación con el promotor. El no tiene porque saber de bioclimatismo, ni mucho menos parecerle interesante.

Con todo esto no me refiero a lo estrictamente obligatorio. Lo que ya introduce el Código técnico de la edificación; placas solares, algunos límites a cumplir en cuanto a salubridad y ahorro y algunas cosas más. Me refiero que se consolide ya como una aberración que una fachada sur de un bloque de viviendas sea igual que la norte; o que una vivienda no tenga ventilación cruzada de manera natural. Que el sol no aporte lo mucho que tiene que dar a una vivienda en invierno. Y que esta no pueda protegerse de aquel en verano. Y muchas otras cosas que todavía están en la calle, construyéndose.

Todo esto nos brinda nuevas opciones en nuestro trabajo. Ya se sabe, donde está la crisis está lo oportunidad. La sociedad lo espera; no hay más que dar un paseo por algunos barrios nuevos de Madrid para comprobar lo mal que se han hecho las cosas, las tremendas oportunidades perdidas. El nefasto planteamiento de los últimos 15 años en cuanto a desarrollos urbanísticos y edificación residencial.

Sin duda la manera de construir mejorará sustancialmente, gracias a la crisis, durante los próximos años. Y ahí el arquitecto tiene mucho que aportar. Entre otras muchas cosas, con una creciente inquietud bioclimática.

¡No hay mal que por bien no venga!

JAVIER ANTÓN

1/6/08

LA CONQUISTA DEL AIRE

1. LA ESTRATEGIA

Nada más acceder, unas escaleras facilitan el continuo flujo de personas hacia un espacio longitudinal a doble altura. Una vez allí nos espera la visión de un número importante de gente mirando el reloj, con cierta impaciencia por la espera. También se observa cierto tedio. Al fin se detiene con una frenada suave y se abren las puertas. El tropel de gente se apretuja dentro. Es increíble lo pequeña que es la burbuja personal en las grandes ciudades. Algunos miran hacia abajo y otros hacia arriba. La mayoría ni siquiera mira. Del exterior nos llega únicamente el zumbido propio de la maquinaria. Se abren nuevamente las puertas. Unos cuantos salen y otros entran. Salvo extrañas coincidencias los saludos son inexistentes. Un viaje de este tipo posee la extraña cualidad de la desorientación momentánea. Meterse dentro de una madriguera para desplazarse tres o cuatro paradas tiene connotaciones de establo.

La diferencia estriba en el aspecto medio del usuario. Aquí no hacen su aparición acordeonistas extranjeros, ni monos de trabajo manchados de pintura. Tampoco hay hiphoperos con gorras de cuero negro ni carteristas con chaquetas gastadas de tweed. Aquí lo que se lleva es el traje de sastre y los relojes de importación. El ascensor de un rascacielos tiene muy pocas diferencias si es comparado con un vagón de metro.

Desde los 350 pies del Latting Observatory en la incipiente ciudad de Nueva York hasta los 800 metros de la Burj Dubai, la construcción de un rascacielos escenifica el deseo de dominio absoluto del hombre sobre la naturaleza. El objetivo es la conquista del aire, pero, en la mayoría de los casos, la estrategia sigue siendo subterránea.

ARTURO PERIS HUESO

20/5/08

LUCES DE CIUDAD

Mirada y estrategia.

Charles Chaplin decidió mirar el mundo a través de los ojos de un vagabundo inolvidable convertido, después de casi cien años, en el mayor icono de la historia del cine. El personaje propone una mirada sobre la prosperidad ajena desde la miseria propia. La trágica realidad de Charlot es, al mismo tiempo, el mejor sustrato para su comicidad: un delicado ejercicio de equilibrismo sobre los acantilados de nuestra existencia.

Una propuesta, una invitación.

En 1927 la historia del cine mudo cambia bruscamente. La aparición del cine hablado precipita una vertiginosa metamorfosis en la industria cinematográfica. Charlot es un personaje en-fundado sobre su extraordinaria mudez, pero eso, de repente, carece de interés para la masa, fascinada por la novedosa asociación de voz y fotograma. La versión hablada del vagabundo se presenta forzada e inverosímil: su ropa, sus movimientos exagerados de pies a cabeza, su rostro híper-expresivo o su bastón: todo su ser se construye a partir de su incapacidad de locución. La prensa se muestra expectante ante la difícil situación. La técnica, como siempre, parece señalar el final de una época. Sin embargo Chaplin, en un ejercicio de inteligencia e ironía difícilmente superable, rescata la mudez desde el sorprendente alumbramiento de un tercer género: el cine sonoro. El invento cristaliza en una de las mejores películas de la historia: city lights.


Es esta una reivindicación decidida por las propuestas que trascienden su propia especificidad; aquellas que se corresponden con una mirada íntima sobre el mundo y las personas; esas que realmente proponen una estrategia novedosa sobre la realidad polarizada y se constituyen como un mapa de nuestras emociones.

Y esto vale para el cine y para la arquitectura. MIGUEL ÁNGEL DÍAZ CAMACHO